La estadística de Contabilidad Medioambiental (CMA) contabilizó 38.200 toneladas de gases de efecto invernadero en 2018, un 1,5% menos que en 2017.

Las políticas medioambientales de las compañías han dejado de ser un epígrafe en sus planes de responsabilidad social corporativa (RSC) a ocupar un eje central en su actividad. Con el fin de reducir sus externalidades y desarrollar procesos productivos menos agresivos con el medioambiente, las empresas han avanzado en esa dirección, incluidas las organizaciones deportivas. Y prueba de ello es que las compañías de la industria del deporte y el entretenimiento emitieron 38.200 toneladas de gases de efecto invernadero en 2018, el registro más bajo desde que el Instituto Nacional de Estadística (INE) empezó a medir el impacto medioambiental en 2008.

 

Los datos de 2018 no sólo mejoran en un 1,5% el registro de 2017; también demuestran que la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera por parte de esta industria se ha reducido un 15,8% en once años. Sin embargo, el ritmo de Deducción es menor al del total la economía española, que emitió 340,6 millones de toneladas en 2018, un 22,6% menos que en 2008.

 

Así se desprende de la estadística de Contabilidad Medioambiental (CMA), un indicador elaborado a partir de los inventarios nacionales de emisiones a la atmósfera, elaborados por el Ministerio para la Transición Ecológica. El objetivo es integrar la información medioambiental de manera coherente en el sistema de cuentas nacionales, para ofrecer información fiel sobre la reducción de la contaminación, así como la recogida, la gestión y el tratamiento de los residuos generados por la propia actividad de las empresas.

 

 

 

 

Por la naturaleza de su actividad, la industria del deporte no está entre las que más contaminan, puesto que esta estadística no refleja las externalidades medioambientales de los fabricantes de textil y calzado deportivo, entre otros. De aquí que las emisiones de este sector sólo representen un 0,01% del total de la economía española. Este segmento contabiliza la actividad de los clubes deportivos, las gestoras de instalaciones y las competiciones, que en los últimos años ha incorporado la sostenibilidad en sus estrategias.

 

Una de las actividades más contaminantes es la de la Fórmula 1. El Mundial de Automovilismo ha decidido tomar cartas en el asunto y, además de velar por sus sostenibilidad económica y estabilidad a largo plazo, ha lanzado un plan de emisiones cero. Ello repercutirá en el Circuito de Barcelona-Catalunya, que hasta 2020 tiene garantizado el Gran Premio de España.

 

El objetivo es que la huella de carbono que generan los monoplazas se reduzca a cero en 2030, y en ese proceso está jugando un papel fundamental los motores híbridos, que llegaron a la competición en 2017. El próximo paso es el lanzamiento del primer motor híbrido de combustión interna cero, según ha adelantado el consejero delegado de la F-1, Chase Carey.

 

 

 

Los clubes de fútbol también han actualizado sus planes medioambientales y, aprovechando la remodelación de sus estadios, han apostado por iluminación LED de bajo consumo, una tecnología de menor consumo, más barata y verde. De hecho, los requisitos de sostenibilidad han ganado peso en los pliegos de condiciones y en los criterios para evaluar ofertas para construir instalaciones. El nuevo Wanda Metropolitano, el Benito Villamarín y el renovado Sánchez-Pizjuán son un ejemplo de ello.

 

Otro ejemplo es el riego del césped con agua reutilizada, o que el Valencia CF haya invertido en un robot que cuida el terreno de juego a través de rayos ultravioleta, reduciendo así el impacto y el uso de pesticidas.  En este sentido, la profesora especializada en sostenibilidad e innovación en deporte en el European Sport Business School (Esbs), Ana Coca Acosta, afirma que “los campos de fútbol son uno de los mejores ejemplos de cómo la tecnología influye a que los clubes sean más sostenibles”.

 

Si bien la incorporación de políticas sostenibles se ha popularizado en las propiedades deportivas en los últimos años, no es un fenómeno reciente. El Comité Olímpico Internacional (COI) está a la vanguardia en este ámbito, ya que Barcelona’92 fueron los primeros Juegos Olímpicos que incorporaron directrices de sostenibilidad, y otros torneos, como el Mundial de baloncesto 2014 compró emisiones de carbono para compensar su actividad. En concreto, se calcularon las emisiones que se generaron.

Fuente: http://Más ‘eco’ y menos contaminante: el deporte reduce un 15,8% sus emisiones de gases de efecto invernadero desde 2008

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