El país, criticado por la lentitud en las reformas de modernización, está invirtiendo grandes sumas de dinero para captar algunos de los principales eventos deportivos con tal mejorar su imagen en el resto del mundo y diversificar su economía.

El deporte es entretenimiento, es salud, es negocio, pero también es política y una herramienta de transformación. Cada persona elige desde que ángulo explora esta actividad, y claramente hay gobiernos que han visto en la alta competición una fórmula de lavado de imagen e intento de promover cambios que, de otra forma, serían imposibles. Y para eso también hace falta mucho dinero, como ha demostrado Arabia Saudí, cuyo plan de reformas hasta 2030 incluye una elevada inversión en atraer eventos. El último ha sido la Supercopa de España, pero antes han sucumbido a los petrodólares otras pruebas como el Dakar, la Fórmula E o la WWE.

 

“La viabilidad marca también el deporte”, admitía Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol (Rfef), sobre su decisión de llevar el trofeo a Yeda el próximo enero. A cambio se ha asegurado el cobro de algo más de 20 millones de euros anuales por un producto que antes apenas tenía valor; un importe clave para la sostenibilidad del regulador y una cifra fácil de asumir para una monarquía absolutista que controla la economía de un país con un producto interior bruto (PIB) ascendió a 782.483 millones de dólares en 2018.

 

El 87% de la economía del país está basada en la explotación de sus reservas de petróleo, equivalentes al 16% del total que hoy existen a nivel mundial y que convierten al país es el mayor exportador de este producto, según el The World Factbook que elabora la CIA. “El gobierno ha analizado la privatización y la diversificación de la economía más de cerca a raíz de un mercado petrolero disminuido; históricamente, Arabia Saudí ha centrado los esfuerzos de diversificación en los sectores de generación de energía, telecomunicaciones, exploración de gas natural y petroquímica”, señala el servicio de inteligencia de Estados Unidos.

 

 

 

 

Muestra de ese plan de diversificación es la salida a bolsa de Aramco, la empresa controlada por el país que gestiona sus reservas de petróleo y con la que espera recaudar al menos 100.000 millones de dólares con la colocación del 5% de las acciones. La operación forma parte del plan estratégico Vision 2030, que impulsa el príncipe heredero, Mohamed bin Salman, para diversificar la economía saudí y modernizar al país, uno de los que menos ha avanzado en el mundo árabe en materia de igualdad de género, libertades sociales y democracia. Hoy, allí se castiga la homosexualidad con la pena de muerte.

 

Y ahí es donde entra en juego el deporte, una industria en la que el país ve una palanca para mostrarse al exterior e introducir cambios para los turistas que después puedan aplicarse a su sociedad, como la no segregación de los aficionados en el estadio por una cuestión de sexo, la concesión de visados a los turistas o la no obligatoriedad de utilizar la abaya para cubrirse por parte de las mujeres.

 

Muestra de la operación de imagen internacional es que, en términos económicos, no es un mercado local que pueda tener un gran atractivo para el deporte. La renta per cápita del país es de 54.500 dólares, aunque con una riqueza muy concentrada en determinadas élites, mientras que el ratio de obesidad de la población supera el 35%.

 

De hecho, el deporte está encasillado dentro de las mejoras en el ámbito de los estilos de vida del plan Vision 2030. En concreto, se ambiciona “incrementar la participación del público en deportes y actividades atléticas”, así como “alcanzar la excelencia regional y global en determinados deportes profesionales”, según se explica en ese documento. Y el fútbol, como no podía ser de otra forma, es uno de ellos.

 

 

 

 

Pese a que la polémica se ha desatado en España e Italia por las respectivas ediciones de la Supercopa, lo cierto es que no son las primeras organizaciones que han visto una oportunidad. A finales de 2017, y antes del estallido del conflicto diplomático en la región, LaLiga y el Manchester United firmaron sendos acuerdos de cooperación para el desarrollo del balompié en el país; en el caso de la competición española, también supuso la llegada de algunos futbolistas a cambio de importantes contraprestaciones económicas vía patrocinio.

 

El problema de Arabia Saudí es que va un paso por detrás de su principal rival regional, Qatar, con el que mantiene un fuerte conflicto diplomático desde 2017 y al que acusa de financiar el terrorismo islamista y apoyar los intereses de Irán. Sin embargo, el emirato emprendió antes esa misma apertura al exterior, con la adjudicación del Mundial de Fútbol de 2022 y los Mundiales de Atletismo de 2019 y la celebración anual de una carrera de MotoGP, entre otros.

 

Además, es el dueño de beIN Sports, que ha sido el socio audiovisual histórico de las grandes propiedades deportivas en Oriente Medio y el norte de África. El boicot que se emprendió contra Qatar en 2017 afectó precisamente al canal deportivo y es una de las razones por las que el deporte había bloqueado en los últimos meses cualquier iniciativa en Arabia Saudí, ante el menoscabo económico que estaba suponiendo su amparo a las emisiones ilegales de beoutQ en la región. Ahora, sin embargo, habría cesado ese plan para lanzar su propio canal y hacerse con derechos a golpe de talonario, como ha hecho con la Supercopa de España o quiere hacer con el Tour.

 

 

 

 

 

Amaury Sports Organisation (ASO) es otra de las compañías que ha sucumbido al dinero saudí, hasta el punto de que intentó romper unilateralmente sus vínculos con beIN Sports. ¿La razón? El país le ha asegurado importantes compensaciones económicas por llevar allí la celebración del Dakar durante los próximos cinco años a partir de 2020, después de diez años en Latinoamérica. La empresa francesa, dueña del Tour de Francia, también desarrollará allí una prueba de ciclismo en ruta específica. 

 

Otra de las competiciones que ha hecho las maletas es la Fórmula E, que ha firmado un contrato hasta 2029 para que Riad acoja una carrera urbana. “Muchos otros deportes ya están aumentando su presencia en este país y estamos orgullosos de que hayan elegido la Fórmula E por encima de otras competiciones de motor”, explicó Alejandro Agag, fundador y presidente de la competición de coches eléctricos en mayo de 2018.

 

El empresario español se refería al camino emprendido previamente por la Serie A, que hizo la avanzadilla a la Rfef y ya acordó celebrar allí la Supercopa de Italia durante tres años. También tiene operaciones allí la WWE, que este año ha ampliado hasta 2027 el acuerdo para realizar anualmente dos grandes eventos de lucha libre. En tenis, y aunque aún no tiene el beneplácito de la ATP, estrenará este diciembre un torneo masculino para el que ha convencido a Stanislas Wawrinka, Daniil Medvedev, Fabio Fognini y David Goffin con premios por 2,7 millones de euros.

 

Para España, el paso dado por la Rfef sería el primero de calado en el deporte, pues tampoco es un mercado estratégico en términos de exportaciones para este sector, con unas compras anuales que no alcanzan los tres millones de euros. “En lo que se refiere a la presencia de empresas españolas en Arabia Saudí, históricamente los principales campos de actividad han sido la construcción y la ingeniería”, señala el Ministerio de Economía en un informe sobre las relaciones bilaterales entre ambos países.

Fuente: https://www.palco23.com/entorno/arabia-saudi-futbol-wwe-dakar-y-formula-e-para-pasar-del-petroleo-al-ocio.html

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